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El Criterio

Martí y Marx, raíces de la Revolución Socialista de Cuba

Martí y Marx, raíces de la Revolución Socialista de Cuba Armando Hart Dávalos. Director de la Oficina del Programa Martiano


Cuando procuramos establecer una relación entre el pensar de Martí y el de Marx, lo hacemos por dos razones, la primera, porque en el siglo XX ambas corrientes de pensamiento se articularon en la Re‑ volución Cubana y ello reviste una gran importancia para la formación política y cultural de las nuevas generaciones; y la segunda, porque la necesidad de alcanzar la síntesis de diferentes corrientes del pensamiento socialista es una exigencia para la evolución intelectual y moral de la humanidad.

Es tal el caos intelectual y la carencia de ideas nuevas que para reconstruir la evolución filosófica de lo que llamaron Occidente se hace necesario investigar y relacionar los hilos principales del tejido ideológico de los últimos dos siglos. Para los cubanos, Car‑ los Marx y José Martí representan los planos más altos del saber filosófico y humanista de la cultura europea y latinoamericana del siglo XIX, respectivamente.

No subestimamos las posibilidades de otras búsquedas con diversas personalidades de la cultura filosófica política y social, por el contrario, no solo nos parece útil, sino indispensable hacerlo. Es nuestra aspiración que así se haga para arribar a una orientación válida en la búsqueda del camino certero para la liberación humana.

En los siglos anteriores, las pugnas ideológicas venían impues‑ tas por las necesidades del enfrentamiento cultural. Desde luego, se llevó a la exageración. En ello, obviamente, influyeron las pasiones humanas, pero en nuestro siglo XXI constituye un requerimiento intelectual y moral alcanzar la integralidad del pensamiento y ello solo es posible con la interrelación de las diversas ramas y la búsqueda de una síntesis cultural universal. Los cubanos encontramos dicha síntesis a partir de estos dos gigantes del pensamiento: Martí y Marx. Sobre tales fundamentos estamos dispuestos, como ordenó Martí, a injertar al mundo en nuestras repúblicas, pero que el tronco sea el de ellas. Nos orientamos por el método electivo de la tradición filosófica cubana y el postulado de Luz y Caballero todas las escuelas y ninguna escuela, he ahí la escuela, así también entendemos nosotros la concepción dialéctica de Marx y de Engels.

La dispersión intelectual presente en la llamada postmodernidad revela, en los comienzos de un nuevo siglo, el agotamiento cultural del sistema burgués imperialista que ha fragmentado hasta convertir en polvo todos los valores o diseños conceptuales que durante dos milenios conformaron el llamado pensamiento occidental.

El dogmatismo ha servido siempre de sombrilla ideológica al egoísmo individual. Por ello, los espíritus egocéntricos proclaman la imposibilidad de todo esquema que pueda presentarse para el estudio de la realidad. Ya no tienen, siquiera, capacidad para establecer nuevos dogmas e invalidan la búsqueda de diseños teóricos, sin embargo, estos son imprescindibles para encontrar los caminos a favor de la justicia universal y salvar a la humanidad de catástrofes de proporciones incalculables.

José Martí nos habló precisamente de la necesidad de una filosofía de las relaciones. La tradición intelectual anterior al Apóstol nos planteó a su vez el método electivo que comporta una elección a favor de la justicia que Luz y Caballero caracterizó como el sol del mundo moral. Para la cultura cubana esto no resulta antagónico con el pensar materialista dialéctico de Marx, muy por el contrario, se complementan, a partir de asumir el ideal de redención del hombre en la Tierra, el más alto desde el punto de vista ético.

Para iniciar nuestro análisis partiremos de la siguiente premisa: las aspiraciones a la liberación universal del hombre y el trabajo socialmente organizado están insertadas, de un modo u otro, en la larga evolución intelectual, moral y religiosa de la civilización desde hace dos mil años.

Las debilidades del sistema imperialista norteamericano se hallan, en buena medida, en la ignorancia, desinformación y el tratamiento anticultural de esas claves. La pregunta es la siguiente: ¿Es posible dominar el mundo que llaman unipolar sin una sólida base cultural y filosófica? Es el desafío que tienen ante sí los hombres que vivirán bien entrado el siglo XXI y aquellos que trabajamos para una vida superior en la centuria recién iniciada, que muchos de nosotros individualmente no nos será posible disfrutar, pero será el siglo de nuestros hijos y nietos.

Es bueno puntualizar que la idea del socialismo con este nombre o aquel no surgió con Marx. El mérito del autor de El capital consistió en darle contenido y proyección científico-social a una antigua aspiración utópica presente en diversas etapas de la historia de la humanidad. Ejemplos sobresalientes los tenemos en el cristianismo durante sus inicios y en la utopía socialista que podemos representarnos, entre otros muchos, en Tomás Moro.

Precisamente en el cristianismo primitivo estaban idealmente presentes los dos elementos esenciales ya mencionados, es decir, la aspiración a la liberación del hombre en la Tierra y la de aso‑ ciarse en comunidad y ellos constituyen las semillas de la tradición utópica de lo que más tarde llamaron Occidente. En la historia de las sociedades clasistas durante estos dos mil años han venido siendo tergiversados y aplastados por una civilización nacida y desarrollada a partir de la codicia, la ambición personal y el egoísmo. Hoy, la exacerbación de estos factores negativos amenaza aplastar definitivamente todos los valores creados por esa civilización.

Para enfrentar esta amenaza, los cubanos edificamos y perfeccionamos la república con todos y para el bien de todos que soñó Martí y que identificamos hoy con el ideal socialista. En Marx y Engels estaba presente la aspiración de alcanzar la liberación radical del hombre y la igualdad social. Lo planteaba sobre el presupuesto de la revolución y del análisis científico de las diversas vías y formas para alcanzarlo asumiendo el desafío de promover la redención del hombre y propiciar las facultades humanas de asociarse. Al someter a un examen crítico profundo la historia de las sociedades clasistas de Europa fundamentó su inmensa obra filosófica y científico-social. Ese pensamiento, el más elevado del viejo continente, es objeto hoy de juicios críticos, pero las limitaciones que como toda obra humana tiene, son las propias de su espacio y tiempo histórico. Lo cierto es que el pensamiento socialista en general representa la cumbre más alta de la cultura de los últimos dos siglos.

Una cuestión esencial en el análisis que se debe hacer en el siglo XXI acerca del materialismo histórico se refiere a la aspi-ración utópica y su papel en la lucha de la humanidad por la igualdad social y la solidaridad universales. Este propósito en sí mismo es una utopía en el sentido que debemos considerarlo actualmente

En este tiempo, que muchos llaman postmoderno, continúan manifestándose las dos corrientes fundamentales del pensar occidental y que en el lenguaje de la filosofía de Marx y Engels se conoce como oposición entre idealismo y materialismo. Pero busquemos una fórmula más comprensible para entender el problema. Esas corrientes son:

1. La evolución del pensar científico que concluyó en su más alta escala con el pensamiento científico racional y dialéctico. A este respecto, después de Marx y Engels no se ha alcanzado nada más elevado en filosofía, a no ser por aquellos que partieron de sus fundamentos y los enriquecieron.

2. La tradición del pensamiento utópico que tiene raíces asentadas en las ingenuas ideas religiosas de las primeras etapas de la historia humana y que en la civilización occidental se nutrió inicialmente, y en su ulterior evolución, de lo que conocemos por cristianismo.

Ambas tendencias, necesarias para el desarrollo y estabilidad han venido siendo desvirtuadas y tergiversadas a lo largo de la historia por la acción de los hombres. Unas veces cayendo en el materialismo vulgar y otras en el intento de situarse fuera de la naturaleza ignorando sus potencialidades creativas. Martí hablaba de la necesidad de relacionar la capacidad intelectual del hombre y sus facultades emocionales. Por esto hablamos del pensamiento filosófico de un lado, sobre el respeto a lo mejor y más depurado de las ideas científicas, y del otro, lo que se ha llamado pensamiento utópico. Es decir, las esperanzas y posibilidades de realización hacia el mañana.

Una filosofía que se corresponda con los intereses de los pueblos será aquella que articule uno y otro plano partiendo de la idea leninista de que la práctica es la prueba definitiva de la verdad. Y del principio martiano de procurar la fórmula del amor triunfante.

¿Por qué el amor no va a situarse como una fuerza real de consecuencias objetivas si, como se observa, genera y enriquece la vida real? ¿Por qué no se traslada esta verdad históricamente comprobada al campo de la vida social? Porque el egoísmo es también una fuerza real. Toda utopía supone un ideal y no se invalidan en los forjadores del socialismo científico los móviles ideales, la utopía en sí, sino que se plantea la necesidad de estudiar sus orígenes económicos, sociales y culturales.

Martí afirmó que no había poesía mayor que la que observaba en los libros de ciencia. Einstein aseguraba que la confirmación de sus leyes matemáticas muchas veces la encontraba en la belleza estética de la conclusión. En el siglo XXI se deben exaltar la utopía y las razones científicas que puedan ayudar a su confirmación en la realidad.

Examinemos este aspecto clave para relacionar el pensamiento de Marx con el de Martí a la luz del propio pensamiento del autor de El capital. Él sostenía que la poesía de la revolución europea del siglo XIX solo podía generarse desde el futuro y afirmaba:

Entonces no habrá dudas de que el mundo ha poseído durante largo tiempo el sueño de una cosa, de la cual sólo le basta la consciencia para poseerla realmente. Entonces no habrá duda de que el problema no lo constituye el abismo que se abre entre los pensamientos del pasado y los del futuro, sino la realización de los pensamientos del pasado.1

Hay en estas formulaciones doble poesía, la de soñar con el futuro y la de procurarlo por vías científicas. Se trata de un sueño profético.

Continuando esta línea de pensamiento Antonio Gramsci afirmaba: En la acumulación de ideas que se nos ha trasmitido a través de un milenio de trabajo y pensamiento, existen elementos poseedores de un valor eterno, los cuales no pueden ni deben perecer. La pérdida de la conciencia de estos valores es uno de los signos más alarmantes de degradación que ha ocasionado el régimen burgués, porque para éste todo es convertible en objeto de transacción comercial y el arma bélica, y nuestra tarea consiste en recuperarlos y hacerlos brillar con una nueva luz.2

Con relación a la utopía, Engels decía que la inconsecuencia no estaba en mantener móviles ideales, sino en no analizar sus causas fundamentales. Analicemos ahora las relaciones del pensamiento de Marx con la cosmovisión martiana.

El acento científico predomina en los análisis de Marx, el sentido utópico y poético en el de Martí, pero en ambos hay utopía y hay ciencia, y, sobre todo, en ambos se aspira a la liberación universal del hombre y a desarrollar formas colectiva de orga-nización de los hombres para lograrlo.

Las diferencias entre la forma de presentar la cuestión entre Marx y Martí están determinadas por el espacio geográfico y la tradición cultural en que cada cual se movía. Marx es la expresión del movimiento redentor del siglo XIX en Europa donde el capitalismo había alcanzado su más alto desarrollo incluyendo las contradicciones clasistas que le son inherentes y Martí asume y representa la tradición emancipadora de nuestra América. Desde su estancia como emigrado en Estados Unidos analizó el drama que se incubaba en el seno de esa sociedad durante las últimas décadas de ese siglo, es decir, cuando se gestaba el imperio estadounidense. El Apóstol llegó a su cosmovisión enfrentándose directamente a la esclavitud y a la opresión colonial y asumiendo el pensamiento revolucionario moderno europeo y la tradición bolivariana; recogió la tradición ética de la cultura de raíz cristiana en su acepción más pura y original.

Marx y Engels, forjadores de las ideas socialistas, asumieron el pensamiento de liberación y de la modernidad sobre el fundamento de la larga evolución intelectual y filosófica que culminó en Hegel. Ellos lo trascienden y lo sitúan en una escala superior, lo llevan a la acción, pero enfrentándose a las concepciones reaccionarias que sobre la espiritualidad venían de la peor herencia medieval y de la Inquisición y, por tanto, de las concepciones metafísicas conservadoras que trazaban radical divorcio entre lo que llamamos materia y lo que denominamos espíritu.

Si hacemos una comparación acerca de cómo Marx y Engels trataron la cuestión de la subjetividad desde la primera crítica al materialismo de Feuerbach, y lo comparamos con el pensamiento filosófico de José de la Luz y Caballero, encontraremos nexos que a muchos pueden parecerles sorprendentes.

Dicen Marx y Engels en la primera crítica al materialismo anterior: El defecto fundamental de todo el materialismo anterior —incluido el de Feuerbach— es que sólo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo.3

Por su parte, Medardo Vitier al exponer los aspectos esenciales de las ideas de José de la Luz y Caballero, señala que para este el criterio de la verdad: no radica objetivamente en el mundo exterior, no radica subjetivamente en nosotros; surge, se organiza como una congruencia entre lo objetivo y lo subjetivo.4

El error o la insuficiencia presente desde el origen de las ideas filosóficas estuvo en trazar un abismo infranqueable entre lo que se llamó objetivo (materia) y lo que se llamó subjetivo (espíritu) cuando ambos planos tienen una profunda interrelación, forman parte de la unidad material del mundo —para decirlo en el lenguaje de Marx— o la unidad de la naturaleza —para expresarlo en términos que empleaba José Martí.

En la tradición filosófica cubana sobresalen estas ideas de Luz y Caballero:

[...] A torrentes han de llover las luces de todas las ciencias humanas sobre el más privilegiado entendimiento, antes que se dé un solo paso en el primero de los estudios en el orden de la importancia, pero el último en el orden del tiempo y la dificultad. Deslindar los fenómenos del instinto y de la inteligencia, examinar las causas que pueden alterar dichos fenómenos, o lo que es igual, marcar la influencia de las edades, de los climas, de los temperamentos, de las enfermedades, conocer al hombre sano y al enfermo [...]sólo el capítulo de la enajenación mental es un episodio que respecto de los conocimientos auxiliares que requiere, se vuelve otro asunto principal; [...]. Y más adelante señala: [...] Fisiología, y quien tal dice, dice Física, Historia natural, Anatomía comparada, Medicina, Matemáticas (porque es menester notar la marcha del espíritu humano en todos sus ramos). Psicología y por descontado Ideología, Gramática, Lógica; y quien así se explica, ya incluye todos los recursos de la Crítica y Filología, y por cima de todo y para todo una razón sumamente fortificada y maestra en el ejercicio de la investigación; en una palabra, para el estudio del hombre es menester más que el hombre, toda la naturaleza.5

Luz exige de las ciencias intelectuales o espirituales y por tanto de la moral, su comprobación práctica, es decir, su confirmación con el ejemplo. El valor de sus ideas se halla en que solo con la integralidad de las diversas ramas de la cultura se puede alcanzar la racionalidad y la comprensión científica acerca de la importancia de la ética. Porque esta última se interrelaciona con todas las formas del actuar tanto en lo individual como en lo social.

En carta de Engels a José Bloch, sumamente esclarecedora, señala: ...Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en la frase vacua, abstracta, absurda. Y seguidamente explica lo siguiente: La situación económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levanta —las formas políticas de lucha de clases y sus resultados, las Constituciones que, después de ganada una batalla, redacta la clase triunfante, etc., las formas jurídicas e incluso los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro de los participantes, las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, las ideas religiosas y el desarrollo ulterior de éstas hasta convertirlas en un sistema de dogmas —ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma.6

La historia de la sociedad humana es en efecto un combate muchas veces abierto y otras encubierto entre explotadores y explotados, esto es así por factores económico sociales, y además, porque, como decía el Apóstol, los hombres van de dos bandos, los que aman y funda, y los que odian y destruyen. Esto también es una verdad científica; es decir, junto a los condicionamientos económicos que determinan, en última instancia, la división clasista, están presentes las ambiciones individuales que por naturaleza posee el hombre. En un mundo idealizado donde todos fueran altruistas, triunfaría el socialismo de manera natural, pero ese mundo no existe, sin embargo, hay que entender, a su vez, que los hombres no solo poseen ambición y egoísmo, también tienen, sobre todo potencialmente, enormes posibilidades de generar la bondad, la solidaridad y la inteligencia en su más pleno alcance y esta es otra verdad científica. Estos sentimientos y facultades están presentes en la naturaleza social de los hombres y pueden ser estimulados con la educación y la cultura.

Engels decía que las sociedades clasistas habían generado riquezas enormes apelando a las ambiciones más viles de los hombres a costa de sus mejores disposiciones. Con este pensamiento del genial compañero de Marx y la dolorosa experiencia del siglo XX, podemos comprender que el desafío ético es un elemento sustantivo para edificar una sociedad socialista, es decir, para estimular las mejores disposiciones humanas a favor de la solidaridad universal.

¿Y cuáles son las mejores disposiciones humanas? Obviamente la solidaridad y la cooperación entre los hombres y Engels tenía que considerarlas como consustanciales a la propia naturaleza del hombre. En la Europa de entonces, alcanzarlas era posible solo en el otro mundo. La tradición cultural cubana, al situar el tema de la creencia en Dios en el arbitrio de cada cual, aquí en la tierra, despejó este importante problema. Al no considerar la creencia religiosa como antagónica con las ciencias le abrió un camino decisivo al pensamiento científico, filosófico y social cubano. Hoy, en el siglo XXI, estamos en condiciones de probar prácticamente, con las experiencias positivas o negativas del siglo XX, que las mejores disposiciones humanas solo se pueden alcanzar pro‑ piciando un cambio radical de los fundamentos económicos, políticos y sociales. Esto es posible con un alto nivel de desarrollo económico, una organización social socialista de la producción y distribución de la riqueza y el apoyo decisivo de la educación, la cultura y la política culta. Para ello es necesario establecer el principio ético de que la justicia es el sol del mundo moral y en el fomento de una cultura general integral y masiva.

Hay un pensamiento de Fidel que resulta síntesis de todos estos nobles propósitos:

El gran caudal hacia el futuro de la mente humana consiste en el enorme potencial de inteligencia genéticamente recibido que no somos capaces de utilizar. Ahí está lo que disponemos, ahí está el porvenir [...] 7

Una concepción de la inteligencia como la presente en Martí, confirmada por los modernos progresos de las ciencias psicológicas, nos subraya su integralidad de forma tal que penetra y se sintetiza no solo en la capacidad intelectual del hombre, sino, también, en las emocionales y en su voluntad orientada hacia la acción transformadora. Pensamiento, acción, sentimiento y vocación de servicio están presentes en la naturaleza humana.

Toda inteligencia genuinamente creadora va inclinada hacia la acción y se expresa en una síntesis de informaciones que van integrándose en forma de sentimientos que mientras sea más amplia, abarca mayor número de personas. Por lo tanto, la inteligencia se orienta hacia una ética superior y en ella están protegidos todos sin excepción. De esta forma considera Martí que la inteligencia se vincula con la bondad y la brutalidad con la maldad. Los modernos avances de la psicología confirman este pensamiento martiano.

Esto se relaciona con las preocupaciones o advertencias que Martí hacía acerca de los posibles peligros del triunfo de las ideas socialistas. Señala en carta a Fermín Valdés Domínguez:

Una cosa te tengo que celebrar mucho, y es el cariño con que tratas; y tu respeto de hombre, a los cubanos que por ahí buscan sinceramente, con este nombre o aquél, un poco más de orden cordial, y de equilibrio indispensable, en la administración de las cosas de este mundo: Por lo noble se ha juzgar una aspiración: y no por esta o aquella verruga que le ponga la pasión humana. Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras —el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas— y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados. Unos van, de pedigüeños de la reina, —como fue Marat cuando el libro que le dedicó con pasta verde— a lisonja sangrienta, con su huevo de justicia, de Marat. Otros pasan de energúmenos a chambelanes, como aquellos de que cuenta Chateaubriand en sus “Memorias”. Pero en nuestro pueblo no es tanto el riesgo, como en sociedades más iracundas, y de menos claridad natural: explicar será nuestro trabajo, y liso y hondo, como tú lo sabrás hacer: el caso es no comprometer la excelsa justicia por los modos equivocados o excesivos de pedirla. Y siempre con la justicia, tú y yo, porque los errores de su forma no autorizan a las almas de buena cuna a desertar de su defensa. Muy bueno, pues, lo del 1° de Mayo. Ya aguardo tu relato, ansioso.” 8

Obsérvese que Martí concreta los peligros de las ideas socialistas —como tantas otras— en la incultura y la maldad humanas, es decir, en factores subjetivos.

¿Dónde están las profundas raíces filosóficas de tantos errores y horrores? Nacen de una interpretación dogmática de la relación entre forma y contenido. No se entendió que ambas categorías carecen de existencia independiente, se trata de una relación dialéctica. Estúdiense las ideas de Engels en su famosa carta a José Bloch, 22-23 septiembre de 1890, y en la dirigida a Francisco Mehring en 1893 y se comprobará lo que afirmamos. En la referida carta a Mehring señala Engels con tono autocrítico:

Falta, además, un solo punto, en el que, por lo general, ni Marx ni yo hemos hecho bastante hincapié en nuestros escritos, por lo que la culpa nos corresponde a todos por igual. En lo que nosotros más insistíamos —y no podíamos por menos de hacerlo así— era en derivar de los hechos económicos básicos las ideas políticas, jurídicas, etc., y los actos condicionados por ellas. Y al proceder de esta manera, el contenido nos hacía olvidar la forma, es decir, el proceso de génesis de estas ideas, etc. Con ello propor cionamos a nuestros adversarios un buen pretexto para sus errores y tergiversaciones.” 9

No obstante estas advertencias del ilustre amigo de Marx, se continuó cometiendo el error y se cayó en un materialismo tosco en que se simplificaban hasta el absurdo las relaciones entre la estructura y la superestructura, es decir —para usar la expresión del propio Engels— se pasó por alto la importante cuestión de la génesis de las ideas. Precisamente en ello estuvo el fundamento de la diferencia y aproximaciones entre la cultura de Marx y de Martí, recogían una evolución intelectual anterior con distintos matices pero, en esencia, expresan el mismo drama social del hombre y la necesidad de utilizar la ciencia y la cultura para abordarlo y la necesidad de asociarse para ponerle fin.

En las ideas de Marx y las de Martí se observan diferencias en la forma de plantear esta aspiración, pero hay una comple‑ mentación entre ambas que nos orienta a tomar en cuenta los factores económico-sociales en que insiste Marx y, a la vez, asumir a plenitud la importancia de los que, en lenguaje marxista, se denominan de la superestructura, y en los cuales Martí hizo especial énfasis.

Otro aspecto sustantivo está en el estudio que Martí hizo del imperialismo norteamericano, en gestación durante su estancia en ese país (1880-1895). Como se sabe, esta no es una cuestión tratada por Marx, fue Lenin, quien tres o cuatro décadas después caracterizó al imperialismo desde el punto de vista del materialismo histórico. El análisis realizado por Lenin desde Europa sobre el imperialismo tiene importantes coincidencias con las formulaciones martianas hechas desde Nueva York cuando se estaban produciendo en Estados Unidos profundos cambios económicos y sociales y hacen su aparición los monopolios y el capital financiero.

Un estudio de la obra de Martí y en especial su denuncia sobre los gérmenes funestos que se gestaban en Norteamérica en las décadas finales del siglo XIX, permite establecer un paralelis‑ mo con los análisis posteriores de Lenin. Martí estudió al imperialismo y lo caracterizó económicamente. Existe copiosa literatura al respecto, entre ella, sus comentarios a la Conferencia Panamericana de Washington de 1889. El elemento esencial del planteamiento martiano con relación al imperialismo radica en la constatación de un desarrollo económico-material orientado hacia el individualismo en una sociedad que frenaba o desviaba el desarrollo cultural y espiritual. Este es el drama del imperialismo que en el siglo XXI se manifiesta con mayor fuerza.

El fenómeno del paso del capitalismo de libre concurrencia al capitalismo monopolista es analizado por Martí que lo denuncia y caracteriza de modo ejemplar: El monopolio está sentado como un gigante implacable, a la puerta de todos los pobres. Todo aquello que se puede emprender está en manos de corporaciones invencibles formadas por la asociación de capitales desocupados a cuyo influjo y resistencia no puede sobreponerse el humilde industrial [...] Este país industrial tiene ya un tirano industrial.10

Con precisión asombrosa describe el asalto al poder económico y político por parte de la oligarquía de los banqueros con todas sus ramificaciones en la sociedad norteamericana de esa época. En 1885 escribe: Forman sindicatos, ofrecen dividendos, compran elocuencia e influencia, cercan con lazos invisibles al Congreso, sujetan de la rienda la legislación, como un caballo vencido, y, ladrones colosales, acumulan y reparten ganancias en la sombra. Son los mismos siempre; siempre con la pechera llena de diamantes; sórdidos, finchados, recios: los senadores les visitan en las horas silenciosas; abren y cierran la puerta a los millones: son los banqueros privados. 11

Tres años más tarde, en abril de 1888, con todo ese proceso más avanzado y más visible aún va al fondo y sentencia: ... se ve como todo un sistema está sentado en el banquillo, el sistema de los bolsistas que estafan, de los empresarios que compran la legislación que les conviene, de los representantes que se alquilan, de los capataces de electores, que sobornan a estos, o los defienden contra la ley, o los engañan; el sistema en que la magistratura, la representación nacional, la Iglesia, la prensa misma, corrompidas por la codicia, habían llegado, en veinticinco años de consorcio, a crear en la democracia mas libre del mundo la más injusta y desvergonzada de las oligarquías.12

En el terreno social no vacila en señalar las terribles condiciones laborales que les son impuestas a los obreros y desde luego toma partido denunciando que los salarios de los trabajadores del ferrocarril no pasan de un mendrugo y una mala colcha, para que puedan repartirse entre sí dividendos gargan‑ tuescos los cabecillas y favorecidos de las compañías...13

El expansionismo fuera de las fronteras que ese desarrollo imperialista generaba fue también analizado por Martí y asume la denuncia de los peligros que representaba para la independencia de Cuba y para los países de Nuestra América. En artículo para La Nación de Buenos Aires, escrito en octubre en 1885, caracteriza a la “camarilla” financiera y sus propósitos del siguiente modo: Como con piezas de ajedrez, estudian de antemano, en sus diversas posiciones, los acontecimientos y sus resultados, y para toda combinación posible de ellos, tienen la jugada lista. Un deseo absorbente les anima siempre, rueda continua de esta tremenda máquina: adquirir: tierra, dinero, subvenciones, el guano del Perú, los Estados del Norte de México.14

Cuatro años más tarde en 1889, en carta a Serafín Bello, le expone sus temores sobre Estados Unidos que son en esencia los mismos que expresara, en víspera de su muerte, a Manuel Mercado: Llegó ciertamente para éste país, apurado por el proteccionismo, la hora de sacar a plaza su agresión latente, y como ni sobre México ni sobre Canadá se atreve a poner los ojos, los pone sobre las islas del Pacífico y sobre las Antillas, sobre nosotros.15

Otro aspecto clave de la relación entre el pensamiento del Apóstol y el autor de El capital radica en que tanto en la filosofía de Marx, como en el pensamiento del prócer cubano, podemos encontrar una concepción orientada a proyectar la cultura hacia la transformación del mundo. Eso es muy importante porque la tra-dición europea en el terreno filosófico —como dijo Marx— se había limitado a una función descriptiva.

En cuanto a Martí, toda su vida fue un empeño para la transformación del mundo y por una interpretación cultural que ayudara para tal propósito. El gran escritor y poeta que dominaba a la perfección y enriquecía las formas del lenguaje, llegó a afirmar: Hacer es la mejor manera de decir.

Para asumir la defensa de los intereses de las masas explotadas y de la humanidad en su conjunto, es necesario orientarse por una fundamentación cultural. Muchas veces se suele actuar sin ella, pero el propósito de liberación humana requiere objetivamente de la cultura. Los que desdeñan una elaboración de este carácter, lo hacen para proteger intereses inmediatos sin tomar en consideración una perspectiva de largo alcance. Relacionar los intereses inmediatos con tal perspectiva es, precisamente, labor de la cultura. Se suele incurrir, a la vez, en un error a la inversa al hacer elaboraciones teóricas sin tener en cuenta la práctica. Este es un aspecto cardinal de la historia de las ideas y Cuba asumió la línea de transformar el mundo a partir de la cultura. El pensamiento socialista de Marx y Engels se lo planteó también de esta manera.

Pasemos ahora a examinar cómo valoró Martí la figura de Marx en su carta al periódico La Nación fechada el 29 de marzo de 1883 en ocasión de su muerte:

Ved esta gran sala. Karl Marx ha muerto. Como se puso del lado de los débiles, merece honor. Pero no hace bien el que señala el daño, y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres. Indigna el forzoso abestiamiento de unos hombres en provecho de otros. Mas se ha de hallar salida a la indignación, de modo que la bestia cese, sin que se desborde, y espante. Ved esta sala: la preside, rodeado de hojas verdes, el retrato de aquel reformador ardiente, reunidor de hombres de diversos pueblos, y organizador incansable y pujante. La Internacional fue su obra: vienen a honrarlo hombres de todas las naciones. La multitud, que es de bravos braceros, cuya vista enternece y conforta, enseña más músculos que alhajas, y más caras honradas que paños sedosos. El trabajo embellece. Remoza ver a un labriego, a un herrador, o a un marinero. De manejar las fuerzas de la naturaleza, les viene ser hermosos como ellas.16

Para Martí la cuestión social era un componente esencial de la política. Quien escribió: [...] con los pobres de la tierra/quiero yo mi suerte echar, quien postuló: [...] como se viene encima, amasado por los traba­jadores, un universo nuevo; quien a su vez subrayó —refiriéndose a Carlos Marx— que: [...] no fue sólo move­dor titánico de las cóleras de los trabajadores europeos, sino veedor profundo en la razón de las miserias humanas, y en los destinos de los hombres, y hombre comido de ansia de hacer bien; quien destacó que [...] Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos, y quien se convirtió en el dirigente de los obreros tabaqueros de Tampa y se planteó la independencia de Cuba como un deber de carácter continental y universal, incluía necesariamente en su ideario político la cuestión social e internacional.

El partido que constituyó tenía como base social original a los trabajadores de Tampa y Cayo Hueso; no formulaba su radicalismo social en la forma en que se exponía en la cultura europea, sino en la mejor tradición literaria de nuestra América. En la esencia de sus concepciones estaba el drama social del hombre presente también en la tradición obrera y socialista del viejo continente.

En relación con la idea de que espanta lanzar unos hombres contra otros, hay que tomar en cuenta que en esa misma época Martí preparaba la guerra necesaria contra el poder español en América para evitar a tiempo la expansión del imperio yanqui. Martí no vaciló en convocar esa guerra necesaria que aún cuando aspiraba a que fuese “humanitaria y breve” estaba consciente que traería también enfrentamiento, muerte y destrucción.

En cuanto a la crítica que él formula sobre el extremismo es necesario tener en cuenta que entonces en Nueva York las ideas anarquistas estaban muy confundidas con las concepciones marxistas que prevalecían en Estados Unidos. Engels, desde Europa, señalaba severamente que en Norteamérica no se estaban aplicando consecuentemente las ideas de Marx. Es sabido que ambos alertaron siempre contra los extremismos y las formulaciones de los anarquistas.

En 1886, Engels refiriéndose a las deformaciones y malas interpretaciones de la teoría de Marx en Estados Unidos señaló:

A mi juicio, muchos alemanes que viven en Norteamérica han cometido un grave error cuando, al verse cara a cara con el poderoso y glorioso movimiento fundado sin su participación, intentaron convertir su teoría importada y no siempre entendida correctamente, en algo así como una elleinse ligmachendes Dogma (un dogma que lo salva todo) y se mantuvieron apartados de todo movimiento que no aceptaba ese dogma. Nuestra teoría no es un dogma, sino la exposición de un proceso de evolución que comprende varias fases consecutivas. Esperar que los norteAmericanos emprensan el movimiento con plena conciencia de la teoría formada en los países industriales más antiguos es esperar lo imposible.17

La cuestión que Marx expresó en la célebre frase de que la violencia es la partera de la historia, la entendemos hoy de la siguiente manera. Quienes generan la violencia son los reaccionarios y conservadores que se resisten a los cambios y obligan a los pueblos a lanzarse a la revolución. Así lo entendió José Martí cuando organizó la guerra necesaria, así lo entendemos nosotros y así, puedo suponer yo, lo entendía Carlos Marx.

La clave de la cuestión está en que la violencia no está generada por los socialistas, sino por las condiciones económico-sociales y la alientan los reaccionarios. Por ello, debemos trabajar siempre como lo ha hecho la Revolución Cubana por mostrar que la violencia es siempre responsabilidad del enemigo. Esto, teniendo en cuenta, además, el principio de que la mujer del César no tiene solo que ser honrada, sino también debe parecerlo.

Podemos apuntar también otro elemento en Martí que muestra un acercamiento al ideal socialista. Señaló que el secreto de lo humano estaba en la facultad de asociarse. Me parece que el principio de liberación radical del hombre que enunciaran los forjadores del socialismo científico y que estaba presente también en el centro del ideal martiano, son puntos de coincidencia bastante profundos que permitieron, en el siglo XX, que los primeros comunistas cubanos surgieran del pensamiento martiano, y estas ideas las podemos defender hoy como martianos y socialistas.

Las revoluciones populares del siglo XX han mostrado una y otra vez que es condición de su éxito que el ejército popular actúe bajo la dirección de una vanguardia política; lo que no hace sino comprobar que “la guerra” —como había dicho Martí— “es un pro­cedimiento político”. Pero a finales del siglo XIX, sin ningún precedente en nuestra América, el propósito de que el partido influyera en la orientación de la guerra, no podía sino sorprender. Solo que lejos de ser, por ello, un continuador de los “civilistas” del 68, Martí era un precursor de los revolucionarios radicales del siglo XX. Habría que esperar a que el desarrollo de la historia echara una luz reveladora sobre el hecho para que esto se viera con toda claridad.

Si estudiamos las formas, métodos y principios organizativos del Partido Revolucionario Cubano, comprobare­mos la precisión que Martí alcanzó con respecto a cómo apoyar políticamente la guerra. Asimismo, si analizamos las bases del partido de Martí observamos cómo la práctica le llevó a aplicar principios de organización, algunos similares a los desarrollados por Lenin en el Partido Socialdemócrata Ruso.

El Partido Revolucionario Cubano no era una simple suma de afiliados, sino que era, propiamente, un com­plejo de organizaciones. Los Estatutos Secretos del Partido Revolucionario Cubano, establecen textualmente:

El Partido Revolucionario Cubano se compone de todas las asociaciones organizadas de cubanos independientes que acepten su programa y cumplan con los deberes impuestos en él. Más adelante señalan: El Partido Revolucionario Cubano funcionará por medio de las asociaciones independientes, que son las bases de su autoridad [...] 18

Es decir, el Partido Revolucionario Cubano de Martí era un complejo de organizaciones, poseía bases programáticas y estatutos democráticamente aprobados y una definida política antimperialista.

Esto, en la Cuba de 1892 ,era realmente extraordinario. Recuérdese, que en los años iniciales del siglo, Lenin debió desarrollar una polémica por imponer dentro de la social democracia rusa el principio de que el partido debía ser un complejo de organizaciones. Por otra parte, fue en pleno siglo XX que la fase imperialista del capitalismo fue denunciada y explicada por Lenin.

No constituye un hecho casual que la fundación del Partido Revolucionario Cubano tuviera lugar en Cayo Hueso, donde se encontraban los obreros tabaqueros emigrados. Asimismo, la presencia, conocida y valorada por Martí, de marxistas, socialistas utópicos y anarquistas en el seno del partido es cuestión sobresaliente. También es significativo que fuera precisamente a Carlos Baliño a quien Martí le dijera: Revolución no es la que vamos a hacer en la manigua, sino la que vamos a realizar en la República.

Los hechos del Primero de Mayo en Estados Unidos tuvieron una repercusión inmediata en nuestro país. En 1889 se acuerda por primera vez conmemorar la fecha con manifestaciones obreras. Se convoca para el Primero de Mayo de 1890 una jornada internacional de los trabajadores. En esa conmemoración inicial estuvo presente la todavía incipiente clase obrera cubana. Estos hechos de gran significado no pasaron inadvertidos para Martí. Sus amigos socialistas le escribían desde Cuba acerca de sus ideas. Martí les alentaba a continuar estudiando los problemas sociales y elogiaba estas inquietudes.

Pero, desde luego, la tarea y el papel de Martí eran otros. Tenía que organizar y dirigir la guerra por la independencia de Cuba para evitar a tiempo la expansión yanqui por América. Las condiciones históricas que prevalecían en América y en el mundo al terminar la guerra de independencia, hicieron que el programa del Partido Revolucionario Cubano no pudiera ser realizado.

En 1925 se había producido en el país un desarrollo de la clase obrera. Había tenido lugar en el mundo el triunfo de la Revolución de Octubre. La influencia del leninismo se proyectaba sobre nuestra patria. Julio Antonio Mella y Carlos Baliño buscan las raíces de su programa político en el Partido Revolucionario Cubano, en el partido al que pertenecían los obreros tabaqueros de Cayo Hueso, y piensan en él como la gran necesidad inmediata.

Julio Antonio Mella comprendió como pocos las raíces martianas de la Revolución Cubana y apreció su papel movilizador en las luchas que estaban por librarse. Como se ha señalado, nuestro Héroe Nacional era tan revolucionario que, no pudiendo admitir sosegadamente los obstáculos y limitaciones de su época, lanzó sin embargo para el porvenir una bandera y un programa que aun hoy constituyen un ideal a alcanzar por muchos pueblos de América.

La historia, en el caso de nuestra patria, mostró con ejemplaridad que el programa del Partido Revolucionario Cubano era un antecedente necesario del programa socialista de nuestra Revolución. iAsí lo vio Mella; así lo vio Fidel!

Esto explica el hecho de que al transcurrir tres décadas de su muerte, quienes mejor comprendieran el pensamiento de Martí fueran los fundadores del primer Partido Comunista de Cuba: Julio Antonio Mella y Carlos Baliño.

No podían los sectores burgueses criollos del siglo XX, vacilantes y subordinados al imperialismo yanqui, entender el pensamiento humanista, popular, ultrademocrático y antimperialista de José Martí. Ello hubiera rebasado sus propios intereses de clase.

[...] Consiste, en el caso de Martí y de la Revolución, tomados únicamente como ejemplos, en ver el interés económico-social que “creó” al Apóstol, sus poemas de rebeldía, su acción continental y revolucionaria: estudiar el juego fatal de las fuerzas históricas, el rompimiento de un antiguo equilibrio de fuerzas sociales, desentrañar el misterio del programa ultrade­mocrático del Partido Revolucionario, el mila­gro —así parece hoy— de la cooperación estrecha entre el elemento proletario de los talleres de la Florida y la burguesía nacional; la razón de la existencia de anarquistas y socialistas en las filas del Partido Revolucionario etcétera. 19

La Revolución de Martí, triunfadora del Primero de Enero de 1959, y la lucha victoriosa de nuestro pueblo, permiten hoy comprender mejor estos fenómenos. No hubiera sido posible entender en toda su profundidad la cuestión sin las luchas de nuestro proletariado, de los campesinos y estudiantes cubanos. No se hubiera entendido sin las batallas libradas por el propio Mella, Martínez Villena, Guiteras, Menéndez; por los combatientes del Moncada, de la Sierra, de la clandestinidad y de Girón.

La razón de estos hechos hay que encontrarla en la estrecha relación entre las luchas por la independencia y por la justicia social.

Ya en 1868 se había vinculado el problema de la independencia con la cuestión social de la esclavitud. En 1895, se empieza a relacionar el problema de la independencia con el de la tierra. En 1925, la necesidad de combatir la dominación imperialista va unida al problema de la tierra y a la lucha por la liberación de la clase obrera contra la opresión burguesa.

En los años de la fundación del primer Partido Comunista no fue posible que se cumpliera el programa de Martí. Habrían de transcurrir 30 años, para que el programa de Martí se comenzara a cumplir. En 1953, Fidel Castro plasma el programa del Partido Revolu­cionario Cubano en La historia me absolverá. El programa del Moncada era, en esencia, el programa del Partido Revo‑ lucionario Cubano. Con el triunfo de la Revolución ese programa se fue cumpliendo con toda fuerza, energía y valor. Abrió para siempre los caminos de la independencia nacional y de la liberación de la clase obrera y de las masas explotadas.

Martí estuvo con su influencia en la fundación del primer Partido Comunista. Estuvo también presente en las leyes nacionalistas y antimperialistas de Antonio Guiteras. Estuvo presente en el Granma, en la clandestinidad y en la Sierra. Sus ideas triunfaron el Primero de Enero de 1959. En esa fecha gloriosa alcanzó la victoria la Revolución de Martí. Una Revolución que conquistó, para siempre, la independencia nacional, la liberación de los explotados, la democracia plena y que abrió el camino del socialismo en nuestra patria.

Y si alguien considera que la Revolución Cubana se salió del esquema de Marx, diríamos que el tal esquema no es ni de Marx, ni de Engels ni de Lenin, y a modo de confirmación repasemos el siguiente texto de Marx y Engels:

Las fases sociales y económicas que estos países tendrán que pasar antes de llegar también a la organización socialista, no pueden, creo yo, ser sino objeto de hipótesis bastante ociosas. Una cosa es segura: el proletariado victorioso no puede imponer la felicidad a ningún pueblo extranjero sin comprometer su propia victoria.20

Resulta muy esclarecedor para este estudio desde el mate‑ rialismo histórico de las aproximaciones y diferencias entre el pensamiento de Marx y Martí las ideas expuestas por Marx en su Carta a la Redacción de los Anales de la Patria:

A todo trance quiere convertir mi esbozo histórico sobre los orígenes del capitalismo en la Europa occidental en una teoría filosófico-histórica sobre la trayectoria general a que se hallan sometidos fatalmente todos los pueblos, cualesquiera que sean las circunstancias históricas que en ella concurra, para plasmarse por fin en aquella formación económica que, a la par que el mayor impulso de las fuerzas productivas, del trabajo social asegura el desarrollo del hombre en todos y cada uno de sus aspectos. (Esto es hacerme demasiado honor y al mismo tiempo, demasiado escarnio.)

Más adelante señala:

Estudiando cada uno de estos procesos históricos por separado y comparándolos luego entre sí, encontraremos fácilmente la clave para explicar estos fenómenos, resultado que jamás lograríamos, en cambio con la clave universal de una teoría general filosófica de la historia, cuya mayor ventaja reside precisamente en el hecho de ser una teoría suprahistórica.21

Engels por su parte señala:

Según la concepción de Marx, toda la marcha de la historia —trátase de los acontecimientos notables— se ha producido hasta ahora de modo inconscientes, es decir, los acontecimientos y sus consecuencias no han dependido de la voluntad de los hombres; los participantes en los acontecimientos históricos deseaban algo diametralmente opuesto a lo logrado o, bien, lo logrado acarreaba consecuencias imprevistas. Más adelante agregaba: [...] toda concepción de Marx no es una doctrina, sino un método. No ofrece dogmas hechos, sino puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dicha investigación.22

No obstante tan claras conclusiones, Marx y Engels han venido siendo atacados de dogmáticos. Es importante analizar las raíces de estas acusaciones, incurren en un error de dogmatismo los que así se expresan; se produce una transferencia de fundamentos sicológicos. El mal del que padecen ellos se lo adjudican a estos sabios.

No sucede solo con los forjadores del socialismo científico, también en cuanto a otras grandes personalidades de la cultura cuando se les acusa de dogmáticos; se está demostrando que quienes lo sufren son sus impugnadores. Ocurre también que algunos que se consideran continuadores de estos filósofos hacen un reduccionismo de sus ideas y se comportan como dogmáticos. El pensamiento de Marx y Engels es por esencia antidogmático, allí está su clave verdadera.

Hoy se requiere una síntesis universal de cultura que articule lo mejor de las más diversas corrientes para el futuro humano. El materialismo histórico y la tradición filosófica cubana pueden servirnos para conformar, con las mejores ideas y sentimientos universales de los últimos dos siglos, dicha síntesis con el rigor crítico y la visión que corresponde al XXI. Esto puede hacerse desde la cultura cubana.

Fernando Ortiz caracterizó la cultura nacional como un ajiaco señalando la profunda interrelación de las diversas culturas que en Cuba se han conjugado. Estudió sus manifestaciones en el terreno sociológico y del arte. Hoy podríamos decir que, en el orden de las ideas filosóficas, también tenemos un ajiaco, pero con sabor a justicia. Es que en Cuba se sintetizaron en estos dos siglos corrientes fundamentales de lo que se llamó civilización occidental y las asumimos desde la autoctonía caribeña y latinoamericana para revolucionarlas. Y en esa síntesis intervienen los siguientes aspectos:

El inmenso saber de la modernidad europea, tal como la habían interpretado creativamente los maestros forjadores que nos representamos en Varela y Luz Caballero.

La más pura tradición ética de raíces cristianas que, como he dicho en otras ocasiones, en Cuba nunca se situó en antagonismo con las ciencias.

La influencia desprejuiciada de las ideas de la masonería en su sentido de universalidad y solidaridad humana que ejerció una gran influencia en la forja de la epopeya del 68 y en especial en las ideas de nuestros padres fundadores.

La cultura de raíz inmediatamente popular que nos simbllizamos en el pensamiento y sentimiento de la familia de los Maceo y Grajales y, especialmente, del Titán de Bronce. La caracterizamos como la forma y el sentido con que la población esclava del Caribe asumió las ideas de la modernidad.

La tradición bolivariana y latinoamericana que Martí enriqueció con su vida en México, Centroamérica y Venezuela, de donde partió hacia Nueva York en 1880 y proclamó: De América soy hijo: a ella me debo.

Las ideas y sentimientos antimperialistas surgidos desde las entrañas mismas del imperio yanqui. La presencia del Apóstol durante más de 15 años en Estados Unidos (más de la tercera parte de su vida) completó su inmenso saber y sintetizó el pensamiento político, social y filosófico desde la óptica de los intereses latinoamericanos y fue contribución decisiva a la conformación del pensamiento cubano. Martí se consideró siempre discípulo de Bolívar.

El pensamiento socialista de Marx, Engels y Lenin, tal como lo interpretaron Mella, Villena, el Che y Fidel Castro.

En otras latitudes, estas tendencias estuvieron encontradas y se expresaban de forma antagónica y en choques dramáticos. En la tradición cubana se produjo, durante los dos últimos siglos, una síntesis de ellas; no es que hayamos estado exentos de contradicciones y antagonismos, a veces agudos y peligrosos pero, como señalábamos, la resultante histórico cultural repre‑ sentó tomar de cada una lo que fuera útil para la emancipación humana, la solidaridad de nuestra América y los más vastos principios de universalidad.

Dijo Engels que el marxismo es un método de investigación y de estudio y Lenin lo calificó de guía para la acción. Se elige e investiga y nos guiamos hacia la acción con algún objetivo o propósito. Este se expresa en el ideal universal de justicia y en la República con todos y para el bien de todos del pensamiento martiano.

A este fin solo se llega a partir del concepto de integralidad de la cultura que la escuela cubana, y en especial Martí, nos enseñaran y que el pensamiento de Marx y Engels nos confirma.

Esta es la revolución socialista y martiana que Fidel está promoviendo y ella se expresa en la forma de hacer política. Es necesario estudiar las fórmulas prácticas de hacer política presentes en Martí, desarrolladas en el siglo XX por Fidel Castro, es decir, la Cuba de hoy. Esto se relaciona con los vínculos entre cultura y política. Estudiar los factores que determinaron el alejamiento e incluso el divorcio de estos dos planos de la vida social es el primer deber de quienes, en el siglo XXI, se propongan luchar por la redención del hombre, único camino para salvar a la civilización del colapso que la amenaza. Debe hacerse sobre la base de la cultura general integral que a los cubanos nos viene de la mejor tradición nacional y que tiene también fundamentos en el materialismo histórico. La mayor dificultad está en que esto solo se logra sobre el presupuesto ético de la lucha por la justicia y la solidaridad humana.

El movimiento de reformas universitarias iniciado en Córdoba, Argentina, en 1918,que contó entre otras figuras con José Ingenieros y Aníbal Ponce, se extendió por el continente, llegó a nuestro país y fue asumido por Julio Antonio Mella y los estudiantes universitarios. Pero pronto Mella comprendió que para realizar reformas académicas había que hacer una revolución social. Fue, por tanto, el fundador en Cuba del Partido Comunista y de la Liga Antimperialista.

En nuestro país a lo largo del siglo XX el pensamiento socialista mantuvo un gran respeto por la tradición de José Martí y la cultura cubana. El ideario cultural cubano del siglo XIX nutrió y enriqueció, durante el XX, las ideas socialistas en Cuba. Tras al asalto al Moncada el 26 de julio de 1953, Fidel Castro declararía que José Martí había sido el autor intelectual de la Revolución que triunfara en enero de 1959 y cuyo carácter socialista se proclamó en 1961. Es decir, la cultura cubana decimonónica fue elemento esencial para la comprensión entre nosotros de las ideas socialistas. Por eso insistimos en que si el ideario revolucionario de Mella y sus compañeros pudo rescatar de la mutilación y el olvido en que había caído en las primeras décadas del siglo XX el pensamiento patriótico y antimperialista de nuestro pueblo, hoy, en los inicios del XXI, trabajamos para fortalecer en nuestra patria el pensamiento socialista y ayudar a rescatarlo internacionalmente, a partir de la cultura cubana de dos siglos de historia, en la cual se destaca la figura de José Martí. Para arribar a conclusiones teóricamente válidas es necesario profundizar en los conceptos de cultura general integral y masiva en que viene insistiendo el compañero Fidel Castro.

A este fin solo se llega a través del concepto de integralidad de la cultura presente en el pensamiento de Carlos Marx, Federico Engels y de todos los grandes humanistas de la historia. Esta es la revolución humanista, socialista y martiana que Fidel está pro‑ moviendo.

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1 Carlos Marx: “Correspondencia de 1843”, en K. Marx: Obras escogidas, D. Mc. Lellan, Oxford University Press, 1977, p. 38.

2 A. Gramsci: “El príncipe moderno y otros escritos”. International Publishers, N. Y., 1957, p. 20.

3 Carlos Marx: “Tesis sobre Feuerbach.” Obras escogidas, Editorial Progreso, 1973, t. 1, p.7.

4 Medardo Vitier: Las ideas y la filosofía en Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, 1970, p. 214.

5 J. Luz y Caballero: “Cuestión de Método si el estudio de la Física debe o no proceder al de la Lógica”. La Polémica Filosófica,Vol. I, p. 87, Biblioteca de Clásicos Cubanos, 2000.

6 F. Engels: “Carta a José Bloch” , en C. Marx, F. Engels, Obras escogidas, Editorial Progreso, Moscú, 1974, t. III, p. 514.



7 Fidel Castro: “Discurso pronunciado en la Universidad Estadual de Río de Janeiro, Brasil el 30 de junio de 1999”, periódico Granma, suplemento especial, 10 de junio de 1999.

8 J. Martí: “ Carta a Fermín Valdés Domínguez en mayo de 1894”, Obras completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, t.3, p. 167.

9 F. Engels “Carta a F. Mehring, Carlos Marx y Federico Engels”, Obras escogidas, t. III, p. 523.

10 J. Martí: Obras completas, t. 10, p. 84.
11 Ibídem, t. 13, p. 289.
12 Ibídem, t.11, p. 437.
13 Ibídem, t.10, p. 413.
14 Ibídem. t.13, p. 290.
15 Ibídem. t.9, p. 388.
16 Ibídem, t. 9, pp. 388-389.
17 F. Engels: “ Carta a Florence Kelley‑Weschnewetzky, C. Marx, F. Engels”, Obras escogidas, t. III, p. 509.



18 J. Martí. Obra citada, t. 1, p. 279
19 J. A. Mella: “ Glosas al pensamiento de José Martí”, en Siete Enfoques Marxistas sobre José Martí, Colección de Estudios Martianos, Editora Política, La Habana, 1978, p.13.



20 F. Engels:“Carta a Carlos Kautsky” en Obras escogidas, p. 508.

21 Carta a los Anales de la Patria, 1887.



22 F. Engels: “Carta a Werner Sombart”, en C. Marx, F. Engels: Obras Escogidas, t. III, pp. 533-534.

La derecha suele fijar el calendario de las luchas de la izquierda

La derecha suele fijar el calendario de las luchas de la izquierda Marta Harnecker
Rebelión

1. En el artículo anterior decíamos que una gran parte de la izquierda partidaria, en las últimas décadas, ha tenido muchas dificultades para trabajar con los movimientos sociales y acercarse a los nuevos actores sociales. Esto se ha debido, a mi entender, a varios factores.

2. Mientras la derecha ha demostrado una gran iniciativa política, la izquierda suele estar a la defensiva. Mientras la primera usa su control de las instituciones del estado y de los medios de comunicación de masas, y su influencia económica para imponer el nuevo modelo, servil al capital financiero y a los monopolios, precipitando las privatizaciones, la desregulación laboral y todos los demás aspectos del programa económico neoliberal; la fragmentación social y el fomento del antipartidismo, la izquierda partidaria, en cambio, al limitar el trabajo político casi exclusivamente al uso de la institucionalidad vigente, sometiéndose a las reglas del juego del enemigo, casi nunca lo toma por sorpresa. Se cae en el absurdo de que el calendario de las luchas de la izquierda lo fija la derecha.

3. ¿Cuántas veces no hemos escuchado quejas de la izquierda contra las condiciones adversas en las que tuvo que dar la contienda electoral, luego de constatar que no ha logrado los resultados electorales esperados en las urnas? Sin embargo, esa misma izquierda muy pocas veces denuncia en su campaña electoral las reglas del juego que se le imponen y plantea como parte de esa campaña una propuesta de reforma electoral. Por el contrario, suele ocurrir que en búsqueda de los votos -en lugar de hacer una campaña educativa, pedagógica, que sirva para que el pueblo crezca en organización y conciencia- utilice las mismas técnicas para vender sus candidatos que las que usan las clases dominantes.

4. Por otra parte, las propias reglas del juego impuestas por las clases dominantes dificultan la unidad de la izquierda y fomentan el personalismo. Obligan en algunos países a trabajar por el propio partido en lugar de por un frente más amplio, porque si eso no se hace ese partido tiende a desaparecer del escenario político.

5. Y esto determina que, en caso de un fracaso electoral, además de la frustración, el desgaste y el endeudamiento productos de la campaña, el esfuerzo electoral no se traduzca en un crecimiento político de quienes fueron receptores y actores, dejando la amarga sensación de que todo ha sido en vano. Muy distinta sería la situación si la campaña se pensase fundamentalmente desde el ángulo pedagógico, usando el espacio electoral para fortalecer la conciencia y la organización popular. Entonces, aunque los resultados en las urnas no fuesen los mejores, el tiempo y los esfuerzos invertidos en la campaña no serían algo perdido.

6. Con razón algunos sostienen que el culto a la institución ha sido el caballo de Troya que el sistema dominante logró introducir en la misma fortaleza de la izquierda transformadora logrando minarla por dentro.

7. El trabajo de la militancia se delega progresivamente en las personas que detentan cargos públicos y administrativos. El esfuerzo prioritario deja de ser la acción colectiva para convertirse en la acción parlamentaria o en la presencia mediática.

8. La acción militante ha tendido a reducirse a la fecha electoral, pegadas de carteles y algún que otro acto público.

9. Y, lo que es peor aún, el financiamiento de los partidos proviene cada vez más de la participación de sus cuadros en las instituciones del estado: parlamento, gobiernos locales, tribunales de control electoral, etcétera; con todo lo que ello entraña de dependencia y de presiones.

10. La actividad política de la izquierda no puede reducirse a la conquista de las instituciones, debe estar dirigida a cambiar las instituciones para poder transformar la realidad. Debe crear nuevas correlaciones de fuerzas que permitan realizar los cambios requeridos. Debe entender que no puede construir fuerza política sin construir fuerza social.

11. Debe, asimismo, evitar "partidizar" todas las iniciativas y los movimientos sociales con los que se relaciona, por el contrario debe esforzarse por articular sus prácticas en un proyecto político único.

12. Por otra parte, a la izquierda partidaria le ha costado mucho abrirse a las nuevas realidades Muchas veces se ha mantenido aferrada a esquemas conceptuales que le han impedido apreciar la potencialidad de los nuevos sujetos sociales, centrando su mirada exclusivamente en los actores que tradicionalmente se movilizaban como los sindicatos, hoy muy debilitados producto de diferentes factores.

13. Por último, una de las mayores dificultades de la izquierda política para trabajar con la izquierda social ha sido la consideración de los movimientos sociales como correas de transmisión del partido. La dirección del movimiento, los cargos en los organismos de dirección, la plataforma de lucha, en fin, todo, se resolvía en las direcciones partidarias y luego se bajaba la línea a seguir por el movimiento social en cuestión, sin que éste pudiese participar en la gestación de ninguno de los asuntos que más le atañían.

14. Sintetizando, para que la izquierda partidaria logre acercarse a la izquierda social, es necesario que se renueve ideológicamente, cambie su cultura política y estilos de trabajo, e incorpore a su arsenal las formas de lucha y de resistencia innovadoras implementadas por la izquierda social.

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Bibliografía de Marta Harnecker sobre el tema

- La izquierda después de Seattle, Siglo XXI España, 2002.

- La izquierda en el umbral del Siglo XXI. Haciendo posible lo imposible, Publicado en: México, Siglo XXI Editores, 1999; España, Siglo XXI Editores, 1ª ed., 1999, 2ª ed., 2000 y 3ª ed., 2000; Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, 2000; Portugal, Campo das Letras Editores, 2000; Brasil, Paz e Terra, 2000; Italia, Sperling and Küpfer Editori, 2001; Canadá (francés), Lantôt Éditeur, 2001; El Salvador, Instituto de Ciencias Políticas y Administrativas Farabundo Martí, 2001.

Una batalla cubana contra los demonios

Una batalla cubana contra los demonios Randy Alonso
2003-12-31


Cuba vivió en el 2003 el influjo en el mundo de las pretensiones hegemónicas de la actual administración norteamericana de imponer una dictadura fascista mundial.

El arreciamiento de la campaña política y mediática contra la isla, el endurecimiento del bloqueo, la andanada de mentiras y amenazas orquestada por altos funcionarios de la Casa Blanca, la actividad descaradamente injerencista y provocadora del jefe de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, el intento de condenar a Cuba en diversos foros internacionales y el acompañamiento de la Unión Europea a la política anticubana de la administración Bush, conforman el cerco brutal tendido desde Washington contra la isla rebelde y diferente.

Pero los más rabiosos y agresivos planes contra la Revolución se han estrellado frente a la voluntad mayoritaria de nuestro pueblo, el prestigio creciente del país por su incuestionable obra social y el liderazgo indiscutible de Fidel.

Con esas poderosas armas morales, hemos derrotado el intento de aislarnos. Cuba abrió en el 2003 nuevas oficinas diplomáticas en el exterior (son más de 100) y acogió en La Habana nuevas Embajadas de otras naciones.

Las visitas de Fidel a Brasil, Ecuador, Argentina y Paraguay para la toma de posesión de sus nuevos Presidentes y su recorrido por varias naciones asiáticas (Viet Nam, Malasia, China y Japón) tuvieron un extraordinario impacto en esos países y el mundo y desbarataron el conjuro de odio contra nuestra nación. Memorable fue el discurso del Presidente cubano en la Escalinata de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires ante decena de miles de personas que desafiaron el frío y la convocatoria de solo 2 mil invitados para un acto bajo techo.

Delegaciones de alto nivel estuvieron presentes en meses recientes en la Cumbre Iberoamericana de Bolivia y la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información donde recibieron numerosas muestras de solidaridad y simpatía. El Canciller cubano fue acogido oficialmente en Rusia, Guatemala, Venezuela, Bahamas, Ucrania, Armenia y otras naciones.

Cuba fue sede en el año de la VI Conferencia de los Partes de la Convención de Naciones Unidas contra la Desertificación y La Sequía y la Reunión de OPANAL, donde se declaro oficialmente a la región como Zona Libre de Armas Nucleares, entre otros eventos importantes.

A nuestro suelo, pese a presiones de Washington y sus embajadores, llegaron destacadas visitas este año: la presencia de Lula, Chávez y el canciller argentino Rafael Bielsa en diferentes momentos de estos 12 meses, fueron muy simbólicas y representativas de los nuevos tiempos que se viven en Latinoamérica. También llegaron a La Habana, en muestra de solidaridad y lazos históricos, 8 Jefes de Estados o Gobierno y 16 cancilleres africanos.

Una batalla por la vida

Con el acompañamiento del mundo, libramos una victoriosa batalla contra el bloqueo. La Asamblea General de la ONU condeno en histórica votación record de 179 países el genocida cerco económico, financiero y comercial de Estados Unidos contra nuestro pueblo. La Cumbre Iberoamericana y la Cumbre Mundial Sobre la Sociedad de la Información también recogen declaraciones finales condenas explicitas al bloqueo.

Unido a ello, comienza a erosionarse el bloqueo dentro de los propios Estados Unidos. Casi 300 delegaciones de empresarios norteamericanos visitaron Cuba este año; por primera vez ambas cámaras del Congreso estadounidense se aprobaron iniciativas similares sobre la Libertad de viajes a Cuba; se creo el Grupo de Trabajo sobre Cuba en el Senado; crecen las declaraciones publicas de empresarios y políticos estatales a favor del fin del bloqueo y en igual sentido se expresan numerosos medios de comunicación; casi 80 mil norteamericanos han visitado la isla en el 2003, en franco desafío a las prohibiciones que les impone su gobierno.

Tres traspiés del imperio

Pese a la tremebunda y concertada campaña mediática y el imponente acoso político, fracasaron este año los intentos de condenar a Cuba en los foros internacionales. El gobierno de Estados Unidos no pudo imponer en la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra una resolución presentada por Costa Rica, bajo su orientación, para condenar a Cuba por las medidas legítimamente adoptadas por nuestros tribunales contra 75 mercenarios al servicio del imperio y 3 criminales secuestradores de una embarcación de pasajeros.

Las frenéticas presiones yankys no sirvieron para mas que aprobar una aguada declaración invitando a Cuba a aceptar la visita de una relatora especial de la Comisión; algo que nuestro gobierno rechaza por constituir un claro intento de singularizar la situación de Cuba, bien lejos de las graves violaciones de los derechos de los seres humanos que se cometen en el Irak ocupado y en otras partes del mundo.

La administración Bush tampoco pudo hacer efectiva sus pretensiones de condenar a Cuba durante la Cumbre Iberoamericana de Bolivia, pues ningún gobierno, ni siquiera sus mas fieles lacayos, se presto para su bochornosa componenda.

Pero lo mas increíble para el imperio fueron sus tres fracasos en el seno de la OEA, su “Ministerio de Colonias” como lo llamo Raúl Roa, donde pese a realizar presiones colosales, cambiar los textos de los proyectos y también sus patrocinadores, no pudo lograr ninguna condena a la Isla en un escenario del cual es dueño absoluto y del que Cuba fue expulsado hace casi cuatro décadas. La dignidad de las naciones caribeñas y de otros países latinoamericanos fueron claves en el estrepitoso fracaso norteamericano.

Con las ideas y con las armas

Como resultado de una política consecuente y de la verdad como estandarte, Cuba logro desbaratar los intentos para justificar una agresión norteamericana. Los propósitos de la extrema derecha, la mafia anticubana y sus mercenarios en la Isla de provocar una crisis migratoria y la difusión del embuste de la producción de armas biológicas fueron derrotados con inteligencia, con efectivas medidas y con la voluntad de los cubanos de defender su independencia y soberanía.

El año que se va ha sido uno de los mas complejos para la Revolución cubana en sus cuatro décadas y media de enfrentamiento al más poderoso enemigo de la historia. Pero ha sido también tiempo para fortalecer la conciencia y los ideales del pueblo, para que crezca la economía y haya pleno empleo, para que se multipliquen los planes sociales, para que se acrecente la solidaridad con Cuba y con la causa de Nuestros Cinco Héroes presos políticos en Estados Unidos y sobre todo para reforzar aun más la capacidad defensiva de una nación dispuesta a cobrarle al enemigo una cuota impagable si osara agredir nuestro suelo.

Las ideas y las armas están prestas para iniciar el 2004. En el Aniversario 45 de la Revolución de nuestros sueños y esperanzas, Cuba seguirá batallando contra los demonios.

Razones del escepticismo popular respecto a la política y a los políticos

Razones del escepticismo popular respecto a la política y a los políticos Marta Harnecker
Rebelión

1. Decía en un artículo anterior que para luchar eficazmente contra el neoliberalismo es necesario lograr articular a todos los que sufren sus consecuencias, y para conseguir este objetivo debemos empezar por la propia izquierda que en nuestros países suele estar muy dispersa. Pero no son pocos los obstáculos que se nos interponen en esta tarea. Estar conscientes de ellos y preparase para enfrentarlos es el primer paso para poder superarlos.

2. Uno de estos obstáculos es el creciente escepticismo popular en relación con la política y los políticos.

3. Esto tiene que ver entre otras cosas con las grandes limitaciones que hoy tienen nuestros sistemas democráticos, muy diferentes a los que existían a antes de las dictaduras militares.

4. Estos regímenes de democracia tutelada, limitada, restringida, controlada o de baja intensidad limitan drásticamente la capacidad efectiva de las autoridades electas democráticamente. Las principales decisiones son tomadas en órganos de carácter permanente, no elecos, y, por lo tanto, no sujetos a cambios producto de los resultados electorales, como el Consejo de Seguridad Nacional, el Banco Central, las instancias económicas asesoras, la Corte Suprema, la Contraloría, el Tribunal Constitucional.

5. Grupos de profesionales y no de políticos son los que hoy adoptan las decisiones o tienen una influencia decisiva sobre éstas. La aparente neutralidad y despolitización de dichos órganos oculta una nueva manera de hacer política de la clase dominante. Sus decisiones se adoptan al margen de los partidos. Se trata de democracias controladas, cuyos controladores no están sometidos a ningún mecanismo democrático.

6. Por otra parte se han perfeccionado enormemente los mecanismos de fabricación del consenso, monopolizados por las clases dominantes, que condicionan en un alto grado la forma en que la gente percibe la realidad. Sólo esto explica que sean los partidos más conservadores, que defienden los intereses de una ínfima minoría de la población, los que hayan logrado transformarse cuantitativamente en partidos de masas y que la base social de apoyo de sus candidatos, al menos en América Latina, sean los sectores sociales más pobres de la periferia de las ciudades y del campo.

7. Otros elementos que explican el escepticismo reinante son, por un lado, la apropiación inescrupulosa por parte de la derecha del lenguaje de la izquierda : palabras como reformas, cambios de estructura, preocupación por la pobreza, transición, forman hoy parte de su discurso habitual; y, por otro, la adopción bastante frecuente por parte de los partidos de izquierda de una práctica política muy poco diferenciada de la práctica habitual de los partidos tradicionales.

8. Tenemos que tener muy presente que cada vez más la gente rechaza las prácticas partidarias clientelistas, poco transparentes y corruptas, de aquellos que sólo se acercan al pueblo en momentos electorales, que pierden energías en luchas intestinas, de fracciones y pequeñas ambiciones; donde las decisiones son adoptadas por las cúpulas partidarias sin una real consulta con las bases y prima el liderazgo unipersonal sobre el colectivo. Repudia crecientemente los mensajes que se quedan en meras palabras, que no se traducen en actos.

9. La gente común y corriente está harta del sistema político tradicional y quiere cosas nuevas, quiere cambios, quiere nuevas formas de hacer política, quiere una política sana, quiere transparencia y participación, quiere recuperar la confianza.

10. Esta decepción de la política y los políticos que crece día a día -y que permea también a la izquierda social- no es grave para la derecha, pero para la izquierda sí lo es. La derecha puede perfectamente prescindir de los partidos políticos, como lo demostró durante los períodos dictatoriales, pero la izquierda no puede prescindir de un instrumento político -sea éste un partido, un frente político u otra fórmula-.

11. Otro obstáculo para la unidad de la izquierda es que -luego de la derrota del socialismo soviético, la crisis del estado benefactor impulsado por la socialdemocracia europea y del desarrollismo populista latinoamericano-, ésta tiene grandes dificultades para elaborar una propuesta alternativa al capitalismo -socialista o como se la quiera llamar- rigurosa y creíble, que pueda asumir los datos de la nueva realidad mundial.

12. El capitalismo ha revelado su gran capacidad de reciclarse y de usar la nueva revolución tecnológica a su favor; fragmentando a la clase obrera, limitando su poder de negociación, sembrando el pánico de la desocupación, mientras la izquierda se ha quedado muchas veces anclada en el pasado. Existe un exceso de diagnóstico y una ausencia de terapeútica. Solemos navegar políticamente sin brújula.

13. La mayor parte de los obstáculos aquí señalados provienen de realidades que se nos imponen desde fuera, pero hay también obstáculos que dificultan los intentos por articular a toda la izquierda que provienen de su propio seno.

14. Por una parte, la izquierda partidaria, en las últimas décadas, ha tenido muchas dificultades para trabajar con los movimientos sociales y acercarse a los nuevos actores sociales Y, por otra, en la izquierda social ha habido una tendencia a descalificar a los partidos y a magnificar su propio papel en la lucha contra la globalización neoliberal, actitud que no ha ayudado a superar la dispersión de la izquierda. Nuestro próximo artículo se abocará a examinar estas cuestiones.

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Bibliografía de Marta Harnecker sobre el tema:

- La izquierda después de Seattle, Siglo XXI España, 2002.

- La izquierda en el umbral del Siglo XXI. Haciendo posible lo imposible, Publicado en: México, Siglo XXI Editores, 1999; España, Siglo XXI Editores, 1ª ed., 1999, 2ª ed., 2000 y 3ª ed., 2000; Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, 2000; Portugal, Campo das Letras Editores, 2000; Brasil, Paz e Terra, 2000; Italia, Sperling and Küpfer Editori, 2001; Canadá (francés), Lantôt Éditeur, 2001; El Salvador, Instituto de Ciencias Políticas y Administrativas Farabundo Martí, 2001.

Necesidad de articular la izquierda política y la izquierda social


Marta Harnecker
Rebelión

1. Cada vez es más intenso el rechazo de la mayoría de la gente contra el modelo de globalización que se impone en nuestro continente, por su incapacidad para resolver los problemas más acuciantes de nuestros pueblos. Las políticas neoliberales, implementadas por el gran capital financiero transnacional respaldado por un gran poderío militar y mediático, y cuyo centro hegemónico son los Estados Unidos, no sólo no han resuelto estos problemas sino que han agudizado vertiginosamente la miseria y la exclusión social, mientras las riquezas se concentran en cada vez menos manos.

2. Entre los primeros que sufren las consecuencias económicas del neoliberalismo están los sectores tradicionales de la clase obrera urbana y rural. Pero sus efectos nefastos no se limitan a ellos sino que afectan a muchos otros sectores sociales como: los pobres y marginados, los estratos medios empobrecidos, la constelación de pequeños y medianos empresarios y comerciantes, el sector de los informales, los productores rurales medianos y pequeños, la mayoría de profesionales, la legión de los desocupados, los cooperativistas, los jubilados, la policía y los cuadros subalternos del ejército (suboficiales y cuadros que les están subordinados). Por otra parte, no sólo debemos tener presente a los sectores económicamente afectados, sino también a todos los discriminados y oprimidos por el sistema: mujeres, jóvenes, niños, ancianos, indígenas, negros, determinadas creencias religiosas, homosexuales, etcétera.

3. El neoliberalismo empobrece a la gran mayoría de la población de nuestros países, los empobrece desde el punto de vista socioeconómico y desde el punto de vista de su subjetividad.

4. Algunos de estos sectores se han transformado en poderosos movimientos. Entre ellos están los movimientos de mujeres, de indígenas, de consumidores, los que luchan por los derechos humanos y la protección del medio ambiente.

5. Estos movimientos difieren en muchos aspectos del clásico movimiento obrero. Sus plataformas tienen un fuerte acento temático y su convocatoria es policlasista y multigeneracional. Sus modos de organización son menos jerárquicos y más en red que en el pasado y sus formas concretas de acción son muy variadas.

6. Aparecen también en el escenario nuevos actores sociales. Es sorprendente, por ejemplo, la capacidad de movilización que han manifestado los jóvenes, organizados fundamentalmente por vía electrónica, con el objetivo de repudiar la actual globalización; resistir a la aplicación de medidas de corte neoliberal, desarrollar poderosísimas manifestaciones contra la guerra y ahora contra ocupación, y difundir experiencias de luchas revolucionarias, rompiendo el cerco informativo al que habían sido siempre sometidas las ideas progresistas y de izquierda.

7. Este creciente rechazo se expresa a través de prácticas plurales y alternativas de resistencia y de lucha.

8. La consolidación de partidos, frentes o procesos políticos de izquierda que se oponen al neoliberalismo es innegable en varios países: Venezuela, Brasil, Colombia, Uruguay, El Salvador, Bolivia. En otros, como Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador y México surgen poderosos movimientos sociales, que se transforman en destacados actores políticos, asumiendo la crítica y ocupando las primeras líneas de combate contra la globalización neoliberal.

9. Sin embargo, a pesar de la profundidad de la crisis que este modelo provoca, la amplitud y variedad de los sectores afectados que abarcan a la inmensa mayoría de la población, la multiplicidad de las demandas que surgen desde la sociedad y permanecen desatendidas, hechos que producen una situación altamente favorable para la creación de un bloque social antineoliberal muy amplio y con enorme fuerza social, la mayor parte de las expresiones crecientes de resistencia y de lucha están todavía muy lejos de significar una verdadera amenaza para el sistema.

10. Pienso que una de las razones para explicar esto es que junto a las condiciones objetivas favorables para conformar un gran bloque social alternativo al neoliberalismo, se dan condiciones subjetivas muy complicadas, que tienen que ver con un problema de fondo: la dispersión de la propia izquierda.

11. Y por ello que considero de importancia estratégica para una lucha eficaz contra el neoliberalismo la necesidad de articular a los diferentes sectores de la izquierda y entiendo por izquierda el conjunto de fuerzas que se oponen al sistema capitalista y su lógica del lucro, y que luchan por una sociedad alternativa humanista y solidaria, construida a partir de intereses de las clases trabajadoras.

12. La izquierda no se reduce, entonces, a la izquierda que milita en partidos u organizaciones políticas de izquierda, sino que incluye a actores y movimientos sociales. Estos son muchas veces más dinámicos y combativos que los primeros pero no militan o rechazan militar en partidos u organizaciones políticas. Entre los primeros hay quienes apuestan a acumular fuerzas por la vía del uso transformador de las instituciones, otros mediante la lucha guerrillera revolucionaria; entre los segundos hay quienes buscan ir construyendo movimientos sociales autónomos y distintos tipos de redes.

13. Para simplificar he decidido denominar izquierda política a los primeros e izquierda social a los segundos, aunque reconozco que esta separación conceptual no se da siempre así en la práctica. De hecho los movimientos sociales más desarrollados adquieren dimensiones socio políticas.

14. Para concluir, pienso que sólo la unión de los esfuerzos militantes de las más diversas expresiones de la izquierda permitirá cumplir a cabalidad la tarea de construir el gran bloque social antineoliberal que necesitamos La tarea estratégica sería, entonces, articular la izquierda política y social, para, a partir de ella, reunir en una sola gran columna a la creciente y dispersa oposición social. Las dificultades de esta empresa y las formas de superarlas serán analizadas en próximos artículos.

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Bibliografía de Marta Harnecker sobre el tema:

- La izquierda después de Seattle, Siglo XXI España, 2002.

Afganistán debate su futuro

Afganistán debate su futuro Lisandro Otero
Rebelión

Libia acaba de anunciar su decisión de suprimir sus armas de destrucción masiva, incluidas las nucleares y químicas, así como el desmantelamiento de su cohetería de un alcance mayor a 300 kilómetros cuadrados y capaces de transportar cargas mayores de 500 kilogramos. El anuncio fue hecho con júbilo en la Casa Blanca por el mismo George Bush, atribuyéndose el logro con vistas a su campaña electoral. Es decir, se obtiene lo mismo que en Irak pero sin el empleo de armamento. De inmediato la Santa Alianza integrada por Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia, España e Israel ha impartido su bendición al ofrecimiento, seguidos de cerca por Rusia.

Libia ha sido un país en cuarentena política y económica desde 1992, tras el atentado al avión de pasajeros sobre Lockerbie, que produjo centenares de muertos y un repudio mundial al terrorismo indiscriminado que produce víctimas inocentes.

Ello significa que Muamar el Kadafi se ha sometido mansamente tras haber declarado en 1977 a Libia como una república de masas, es decir, un régimen de carácter popular y de beneficio social. El ejemplo de lo ocurrido en Irak puede que le haya asustado lo suficiente como para no querer pasar por un riesgo similar. ¿Quiere esto decir que desde ahora se integra dócilmente al mundo neoliberal? ¿ Habrá un sometimiento a los dictados del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional?

Libia es un país subpoblado, subdesarrollado y subeducado. Con un vastísimo territorio de un millón 775 mil kilómetros cuadrados solamente cuenta con cinco millones y medio de habitantes. El noventa por ciento de su espacio vital está integrado por desiertos. Sin embargo produce 1.3 millones de barriles de petróleo por día lo cual eleva su PIB a 32 mil millones de dólares anuales. Cuentan con el 3% de las reservas mundiales de combustible. Tiene la ventaja, a diferencia de Irak, que mantiene una homogeneidad religiosa: el 99% son sunitas.

Sin embargo, si este país árabe ha caído bajo los efluvios tentadores del capitalismo retrógrado de nuestro tiempo, ello no quiere decir que el resto del mundo árabe esté siguiendo el mismo camino. En Afganistán la Loya Jirga, o asamblea popular, está reunida por convocatoria del títere Hamid Karzai. Dos años después de su ocupación colonial por Estados Unidos el país sigue exportando derivados de opio y continúa sumido en la más espantosa miseria. Allí, como en Irak, la resistencia patriótica se enfrenta a los ocupantes que oprimen su soberanía.

En Afganistán continúan imperando los señores de la guerra, los poderosos cabecillas tribales y los narcotraficantes. En la Loya Jirga se sienta como una figura de opereta el ex rey Zahir, a quien se le ha dado el título de "Padre de la Nación". La tarea principal del cónclave es decidir si tendrán un régimen político parlamentario o un Poder Ejecutivo centralizado. Karzai es un figurón americanizado que guarda un estilo occidental que lo aleja de su cultura y sus compatriotas.

Estados Unidos gastó 17 mil millones de dólares en destruir Afganistán. Ese fue el costo de todos los artefactos destructivos, combustible, municiones, envío de portaaviones y bombarderos para la devastación total del infortunado país. Afganistán había sufrido años de ocupación rusa y una aniquiladora guerra anterior, alentada por la CIA, que armó a los mujaidines para que hostigaran al oso soviético. Fueron esos mismos guerreros pronorteamericanos los que incurrieron en el feroz extremismo talibán al denegar la educación a las mujeres y prohibir la música y el cine. La salud, la educación son prácticamente inexistentes. Los suelos erosionados por la metralla no son productivos para la agricultura. El país se encuentra envenenado por millones de toneladas de explosivos que han sido detonados.

La posesión del área circundante al Golfo Pérsico es vital para Estados Unidos y esto es, precisamente, lo que impulsa --como reacción inversa--, el prevaleciente, y creciente, sentimiento antiyanqui de los pueblos árabes, pese a los esfuerzos de institucionalización de la Loya Jirga y la rendición del gobernante libio.

gotli2002@yahoo.com

¿Por qué Fracasó el anti-Castrismo de los Americanos?

¿Por qué Fracasó el anti-Castrismo de los Americanos? Luis Ortega
cubasi

Están pasando cosas en Miami de las que nadie se da cuenta. Pero ocurre que yo, que soy uno de los fundadores del exilio cubano, no puede menos que señalar estos cambios con un cierto optimismo.

Para mí el exilio comenzó en 1953, a raíz del asalto al Moncada , por consiguiente, acabo de cumplir, el pasado mes de julio cincuenta años observando las carreras y gritos de mis compatriotas como si fueran animalitos desenfrenados.

Hay unos pequeños roedores que se llaman lemmings, originarios del norte de Europa, que andan siempre en grandes manadas junto a las playas, y ocurre que cuando uno de la manada lanza un grito, todos salen corriendo enloquecidos hacia el mar y se suicidan en masa.

Cuando pienso en mis compatriotas, siempre me acuerdo del extraño fenómeno de los lemmings. Cuando yo salí de Cuba, en el año 1953, éramos muy pocos los que salíamos al exilio. De modo que en aquellos tiempos no hubo la desbandada de los animalitos. Uno salía porque la policía de Batista le caía arriba y todos los días aparecían cadáveres en las calles La cosa comenzó a partir del 1 de enero de 1959. Fue, de verdad, una carrera loca de roedores lanzándose al mar como los lemmings. Eso dura hasta hoy.

Muchas han muerto en la fuga precipitada. Otros han logrado el propósito de llegar el norte.

A partir de 1959, en los primeros años, cuando las comunicaciones en Cuba eran difíciles, el sueño de los cubanos era volver a la isla algún día. Cada vez que se que se aproximaba un fin de años. El tema obligado era el de pasar las navidades en Cuba. El año que viene sí vamos a cenar en la Habana, decían los viejos. Ya el año anterior habían dicho lo mismo y no había ocurrido nunca. Cenar en Cuba, al día de la Nochebuena, era el tema más importante. Cada quien soñaba con cenar en familia, en su pueblo .

Pues bien, han pasado los años. El fenómeno ha ocurrido a la vista de todos. Ya nadie habla de cenar en Cuba. Ya son miles y miles los que cada año van a cenar a sus pueblos. Es casi una rutina. Nadie ha señalado el hecho de que se ha roto la incomunicación y se ha producido la re- unificación de las familias cubanas. Hasta los más radicales, los viejos temerarios, van y vienen a Cuba y siguen hablando, en sus tertulias, de la revolución que van a hacer, pero viajan a la isla con el ceño fruncido. Hay uno que anda por ahí que inclusive fue a Cuba en un bote para liberar la isla, cayó preso, lo soltaron porque era muy viejo, regresó a Miami, y no se sabe si cena aquí o con sus parientes en Cuba.

Es decir, los 45 años han producido un cambio extraordinario. Los combatientes siguen siendo combatientes, pero viven en las sombras y muchos van a Cuba calladitos. La vejez lo domina todo en Miami.

Por alguna parte debe haber todavía cubanos inteligentes a la manera como se usaba en otros tiempos. Yo tengo mis dudas, pero no rechazo la posibilidad . Debe haberlos, probablemente están encuevados. Alguno de ellos debe salir a la calle y tratar de explicar por qué ha pasado todo esto. Es decir, por qué ha fracasado la contrarrevolución financiada por los Estados Unidos para devolver a Cuba a la órbita de la dominación de Washington.

Yo tengo una opinión muy simple y alguien debería desarrollarla.

El anticastrismo ha fracasado simplemente porque no tenía basamento histórico. No tenía razón de ser. Era un truco fabricado por los americanos, con mucho dinero, muchos millones, para recuperar la vieja colonia de Cuba. Lo que queda hoy, dentro y fuera de la isla , se mantiene todavía con dinero . Pero es un tronco seco, sin vida.

Bush usa la farsa como política para Cuba

Bush usa la farsa como política para Cuba Saul Landau
2003-12-22

“Estados Unidos parecen estar destinados por la Providencia para plagar a América Latina en nombre de la libertad”.
-- Simón Bolívar

“La historia se repite, primero como tragedia, luego como farsa”.
-- Carlos Marx, El 18 Bru mari o de Luis Bonaparte


¿Habrá inspirado Marx al autor humorístico de la Oficina de Prensa de la Casa Blanca para que emitiera el 8 de diciembre un despacho titulado “Documento de Hechos: Comisión para la Ayuda a una Cuba Libre”?

Quizás haya querido que en vez de “Hechos” dijera “Farsa”. Durante más de 100 años la Casa Blanca raras veces ha emitido un hecho acerca de Cuba, mucho menos todo un documento.

Pero el encubrimiento de los hechos reales con lenguaje hipócrita sí hace una farsa – al menos en el escenario. Por ejemplo, en 1898 el Presidente William McKinley envió tropas a nuestra isla vecina para “ayudar a Cuba a ganar su independencia de España”.

Para evitar las sospechas de la agenda imperial de McKinley, el congreso aprobó la Enmienda Teller, en la que se renunciaba a cualquier intención de anexarse a Cuba. Pero en 1901, la enmienda del Senador Orville Platt a una ley de asignaciones permitía a Estados Unidos intervenir como deseara en los asuntos cubanos y a alquilar una estación naval, la cual pronto se convirtió en la base de Guantánamo.

Washington entonces obligó a Cuba a incluir las disposiciones de la Enmienda Platt en su nueva Constitución. El Presidente Theodore Roosevelt retiró las tropas de Cuba en 1902, pero las reenvió en 1906 para revertir unas elecciones que no le agradaban – es decir, “para restaurar el orden”. Los ocupantes permanecieron tres años y regresaron otra vez en 1912, para aplastar un levantamiento armado en contra del gobierno – que no había pedido la ayuda de EEUU.

Entre 1917 y 1923, la Infantería de Marina de EEUU garantizó que los cubanos no volvieran a su comportamiento revolucionario – como habían hecho los rusos después de 1917. Los mari nes también “protegían la propiedad de EEUU” rompiendo huelgas.

Para 1925 Washington había encontrado a un “cuidador democrático”, Gerardo Machado, quien se hizo acreedor del apodo de “el Carnicero” al matar y torturar a los que disentían. Los revolucionarios derrocaron a Machado en 1932. Enfrentado a un profundo malestar social en Cuba y temiendo que hubiera otra revolución, el recién electo presidente Franklin Roosevelt anunció su Política del Buen Vecino. No más intervención armada en Latinoamérica, prometió. En su lugar, en marzo de 1933 el Presidente Roosevelt despachó a Sumner Wells a Cuba para evitar que un gobierno izquierdista se hiciera del poder.

Para agregar algo de potencia a la misión de Welles, acorazados de EEUU anclaron frente a las costas cubanas. Welles descubrió a un líder ideal, Fulgencio Batista, un sargento del ejército cuya principal virtud era la lealtad a los norteamericanos. Con un nuevo títere en el poder, Washington derogó la Enmienda Platt, pero se quedó con la base de Guantánamo.

Cuba se convirtió en “democrática”. Gobiernos elegidos, obedientes a Washington, se sentían con toda “libertad” para robarle al pueblo cubano, como hicieron los presidentes sucesivos y sus seguidores, sin seria desaprobación por parte de Washington. En 1952 Batista dio un golpe de estado y se hizo presidente de nuevo. Durante los años subsiguientes Batista torturó, asesinó y encarceló a disidentes, pero se comportó obsequiosamente con el poder en Washington y con la Mafia en La Habana.

Cuando la ira revolucionaria se manifestó a través de toda la isla, Estados Unidos permitió que el dictador utilizara la base de Guantánamo para reabastecer de combustible, bombas y balas a sus aviones, que bombardeaban las supuestas posiciones rebeldes – a menudo áreas rurales y pueblos indefensos sospechosos de “simpatizar” con los rebeldes.

Estas pinceladas históricas ilustran el desarrollo de la comprensión de anteriores Administraciones por la “Cuba libre”. Eufemísticamente se llama “libertad” a la “obediencia”. Así que en 1898 Washington “liberó” a Cuba de España y la llamó “independiente”.

En 1959 la revolución “liberó” a Cuba – comenzó a desobedecer – de la dominación norteamericana. Así que Washington nuevamente anunció que quería “liberar” a la isla del nuevo gobierno cubano que no había pedido permiso para hacer una revolución. En 1960, después de que la Unión Soviética ofreció ayuda a Cuba, Washington cambió su lenguaje: “liberar a Cuba de la dominación comunista”. En 1990, al implotar la URSS, el Presidente Bush el Viejo trató de “liberar” a los cubanos de los beneficios sociales que habían logrado durante 20 años y reemplazarlos con cubanos de Miami que privatizarían (“liberarían”) todo.

A partir de 1959, algunos de estos cubanos con sede en la Florida, odiadores de Castro y amantes de la libertad, cometieron miles de actos de terrorismo en contra del pueblo que amaban en la isla – ¿de qué otra manera puede mostrarse el verdadero amor? Respaldados por la siempre amante de la libertad CIA, la actividad terrorista continuó de manera esporádica. Actualmente las agencias de EEUU “no pueden” detectar conspiraciones “amantes de la libertad”, como la colocación de bombas en hoteles cubanos en los años 1990.

Sin embargo, para un consistente sentido de la farsa, el Presidente Bush el Joven decidió que tenía que crear algo nuevo. El 10 de octubre anunció que una nueva Comisión haría los planes “para el feliz día en que el régimen de Castro ya no exista, y la democracia llegue a la isla”.

Los presidentes de eeuu , como miembros del “Club de Decir Cualquier Cosa”, aseguran que la política de EEUU siempre tiene como objetivo diseminar la democracia. Las intervenciones militares de EEUU en Cuba, en el siglo 20 en Irán, Guatemala, Haití, Viet Nam, Nicaragua –bueno, hay cientos de ellas –, ciertamente lograron su objetivo, ¿no es así? Diseminar la democracia también quería decir enseñar a Cuba cómo administrar sus recursos.

Desde 1920 hasta los 1950, inclusive, el Congreso, por ejemplo, controlaba la economía de Cuba manipulando la cuota azucarera – precios garantizados para Cuba – de manera que Cuba se volviera dependiente de la compra de azúcar por parte de EEUU.

Si no parece muy democrático dar al dictador Batista un vasto apoyo militar y político – bueno, vean el Gran Contexto: él era anticomunista y muy obediente. Bajo su “era democrática” la felicidad reinaba en los círculos de negocios y de la Mafia. Es más, en la Cuba pre-1959 el Don de la Mafia y el Embajador de EEUU eran de los hombres más poderosos en La Habana.

El 5 de diciembre de 2003, con esta historia en mente, estoy seguro, los co-presidentes – Secretario de Estado Colin Powell y Secretario de Viviendas y Desarrollo Urbano Mel Martínez – convocaron a la Comisión Presidencial de Ayuda a una Cuba Libre. También se encontraban presentes importantes miembros del Gabinete. El equipo que demostró su dedicación a la verdad, la paz, la democracia y la ley en Irak, hará un plan en busca de resultados similares en Cuba.

”La política de Estados Unidos con respecto a Cuba está clara – acelerar la transición pacífica de Cuba a una democracia representativa y una economía de libre mercado – para así terminar décadas de una dictadura opresiva”. De esta manera la comisión ha decidido que la democracia (no es necesario para los floridanos el conteo de votos) y la estructura económica al estilo norteamericano también deben triunfar en Cuba.

La agenda no escrita de la Comisión, ganar la elección en el 2004, significa que las palabras deben ser aceptables para los bloques donantes de anticastristas y probados intimidadores del conteo de votos que buscan “los medios por los cuales EEUU pueda ayudar al pueblo cubano a obtener un rápido fin de la dictadura”.

Para obtener el apoyo de los cubanos anticastristas de la Florida que continúan demostrando su amor por la isla por medio de la violencia, la Comisión asesorará al Presidente acerca de cómo “establecer instituciones democráticas, respeto por los derechos humanos y el dominio de la ley”, y “crear las instituciones básicas de una economía libre”. Las elecciones del 2000 en la Florida ilustraron los puntos importantes de la libertad: borrar a los electores de la oposición del registro; evitar que otros voten; no contar todos los votos. Ahora los cubanos sabrán como funcionan las elecciones libres.

La“libertad” ahora incluye campos de concentración en Guantánamo, un nuevo método de EEUU para garantizar los derechos humanos. Incluso el habeas corpus ha evolucionado hasta el punto en que Bush detiene a ciudadanos de EEUU sin hacerles una acusación o derecho a tener abogado. En noviembre, ambas cámaras del Congreso aprobaron eliminar la prohibición de viajar a Cuba, pero el personal de la Casa Blanca hizo llamadas telefónicas y el comité congresional de conferencia anuló la voluntad del Congreso. ¡La evolución de la democracia norteamericana!

¿Se estarán riendo en La Habana? Las Administraciones norteamericanas siempre evitan la pregunta: “¿Quién nos invitó?” ¿Tiene Bush una petición secreta firmada por los cubanos pidiendo su ayuda? La evidencia de que los cubanos desean un cambio al estilo norteamericano proviene de aquellos que directa o indirectamente reciben ayuda material de la Sección de Intereses de EEUU en La Habana o de otras agencias – los cuales son definidos como “cubanos amantes de la libertad”. Las 11 000 firmas (comparadas con las 8 millones elegibles) de la petición Varela para exigir del Parlamento cubano un sistema más parecido al de EEUU constituye una sólida evidencia de otra intervención más de Washington en los asuntos cubanos. Un gracioso especuló que los agentes de la seguridad cubana eran sólo la mitad de los firmantes del proyecto Varela.

La nueva Comisión también planea ayudar a los cubanos a “obtener sus necesidades básicas en las áreas de salud, educación, vivienda y servicios humanos”. En la montaña Big Rock Candy los casatenientes reducen los alquileres, la industria del carbón deja de refinar, los patronos aumentan los salarios y los beneficios sociales. ¡Oigan, vean cómo EEUU ha ayudado a sus vecinos en el pasado! Bueno, seguro que ha ayudado a los grandes negocios y bancos norteamericanos.

En 1933 el General Smedley Butler de la Infantería de Marina abandonó la farsa. “Colaboré para hacer de México un lugar seguro para los intereses petroleros norteamericanos en 1914”, dijo, “de Cuba un lugar decente para que los muchachos del National City Bank cobraran sus intereses. Ayudé en la violación de una media docena de repúblicas centroamericanas en beneficio de Wall Street”.

¿No les parece gracioso? ¿Y qué tal si Castro crea una “Comisión para Liberar a Estados Unidos”? ¿Exige la reforma electoral e investigar a Dick Cheney y Halliburton por conspiración ilegal para la guerra en Irak? La comisión podría... No perdamos tiempo. El país que “liberó” a Cuba en 1898 y quiere “liberarla” otra vez tiene ahora una comisión. En aras de la farsa, el escritor pudiera agregar: “A fin de mantener su objetivo de honestidad y democracia, la Administración repudiará su perverso comportamiento anterior hacia Cuba”. Eso haría reír.

*El nuevo libro de Landau, El imperio preventivo: una guía al reino de Bush, acaba de ser publicado por Pluto Press. Landau es profesor de la Universidad Cal Poly Pomona y miembro del Instituto para Estudios de Política.